lunes, 22 de noviembre de 2010

Entrando en la fase III

He terminado la segunda fase de mi proyecto el día 18 de este mes. En esta fase, como ya os he ido comentando, aplicamos distintas pruebas para conocer el grado de madurez, el nivel de inteligencia, habilidades y potencialidades de nuestros dos alumnos con TEA. Después de pasar horas con el orientador aplicando estos test, no he cambiado de idea... me parecen poco provechosos y os daré mis razones.
1. En primer lugar y como docente que trabaja a diario con estos alumnos, creo que este tipo de pruebas no reflejan la realidad del niño, los resultados a menudo están falseados por distintas variables, como por ejemplo la comunicación y el conocimiento existente entre el orientador y el niño. Esto explica porqué muchas veces una tutora se queda con la boca abierta ante los resultados de una prueba aplicada por el orientador en su despacho a un alumno... Os aseguro que al menos en la etapa de Educación Infantil, donde la emocionalidad y las relaciones afectivas son tan importantes, estas pruebas no son fieles a la realidad.
2. Riesgo de etiquetaje. Los resultados son tan taxativos, tan clasificadores... y todo queda guardadito en el expediente del niño, convirtiéndose a veces, más que en una ayuda, en una lacra que llevará durante toda su andadura académica
3. Impersonalización de los resultados.Dentro de las diferentes pruebas, tenemos aquellas que nos dan un resultado numérico y con ese numero dejamos al niño clasificado por debajo o por encima de la media y tenemos otros que según la puntuación obtenida nos proponen unas pautas de trabajo o al menos unos objetivos a los que dirigirnos. Aparentemente esto es bueno, pasamos una escala de desarrollo, sabemos dónde está situado el niño y cuáles son los objetivos que debería alcanzar... ya... pero, si el aprendizaje individualizado es una máxima postulada en toda nuestra legislación educativa para lograr la calidad de la enseñanza, en el caso de estos pequeños esta individualización es todavía más necesaria y las recetas mágicas todavía menos efectivas.
Sin duda alguna creo que la valided de pruebas como la batería Batelle, el inventario IDEA, el BADYG, distintas escalas de desarrollo, es meramente orientativa y no debe constituír en ningún caso el puntal sobre el que se asegure un plan de intervención con un alumno.
Quizá no sea muy popular esto que digo, pero al menos con Óscar y Diego os aseguro que es así. No digo que debamos quemar todos estos test, ni dejar de aplicarlos, pero creo que (al menos en el centro dónde trabajo y con la gente con la que trabajo) debería dárse menos importancia a sus resultados. Debería relativizarse mucho los resultados de estas pruebas y considerarlas como simples orientaciones más que como "pruebas diagnósticas". Considero fundamental la opinión de familias, amigos, profesores que impartan clase al alumno, cuidadores... mucho más que una puntuación obtenida un día y con "un señor" que muchas veces el niño es la primera vez que ve y por tanto se niega a aceptar en su mundo.
Concluyendo: pruebas si, sentencias no.

lunes, 15 de noviembre de 2010

DAFO CENTRO

Hola compañeros, como véis el análisis que he realizado se refiere en general al centro y en particular al departamento de orientación. Lo subí antes de que Amadeo colgara sus mensajes en el foro y en el tablón, y es que, para bien o para mal, suelo tener las pec terminadas con bastante antelación. Viendo los mensajes entiendo la propuesta de la pec de una manera distinta, pero bueno, ahí os dejo lo que ya había elaborado, que como va sobr el departamento de orientación es una cosa intermedia entre lo que se nos pedía en la pec y lo que se pretendía que hicieramos. Un saludo a todos

martes, 9 de noviembre de 2010

CONOCIMIENTO DE LOS ALUMNOS CON TEA

Esta fase del proyecto está temporalizada, en prinicpio, hasta el 18 de noviembre. No osbtante, me gustaría ir contándoos como va.
Tras este tiempo trabajando con estos alumnos, he de reafirmarme en el pricipio de individualización ya mencionado en la metodología del proyecto. El conociemiento de los alumnos con TEA, no puede reducirse a la bibliografía mencionada sobre este trastorno. Como ya apuntaba, Óscar y Diego no tienen absolutamente nada que ver pese a estar "encuadrados" en el mismo tipo de trastorno. Si bien es cierto que hay unas características generales y unas estrategias básicas que utilizar con este tipo de alumnado, la realidad, como suele decirse, supera a la ficción y en este caso a la literatura escrita sobre el TEA.
He estado pasando diversas pruebas a estos dos alumnos. A propuesta del orientador, le pasamos el BADY. Durante la prueba, Óscar me miraba cosntantemente pidiendo mi aprobación, se reía malévolamente y respondía mal al orientador. Prestó atención a las primeras preguntas y luego parecía decir: "oye ya está bien, no estamos jugando y yo es lo que quiero". Mi impresión, en todo momento, era la de que Óscar estaba riéndose del orientador. En un momento, me permití formularle la misma pregunta que él llevaba haciéndole varios minutos. Lo hice de otra manera (más lúdica y cercana a su lenguaje diario) y el niño respondió con prontitud y de forma correcta.
Ante la imposibilidad del orientador de seguir pasándole la prueba (se desquició ante la actitud de niño y dijo que era imposible). Optó por hacer un informe diciendo que era imposible pasarle un test de inteligencia al niño. Pero volvamos al principio... cambiemos conocimiento de los alumnos con TEA por conocimiento de Óscar, alumno con TEA. ¿Acaso este niño no es inteligente? ¿no tiene adquiridos los conceptos que se pedían en el test? Claro que si, los utiliza cada día en el aula, pero el test no utiliza su lenguaje y por lo tanto se aburre y se niega a hacerlo correctamente. Es cierto que el autismo acarrea un grave problema de comunicación, pero a veces pienso que el problema no es tanto de Óscar como de los que no saben hablar su lenguaje, meterse en su mundo y lograr comunicarse con él para educarle y estimularle desde dentro. Yo estoy aprendiendo a hablar su idioma y él parece encantado de enseñarmelo.